El valor del mate compartido

Por Florencia Cesani

Cuando me invitaron a escribir algo sobre Héctor, pensé ¿qué puedo contar acerca de él que los colegas no conozcan? Todos sabemos (los que lo conocimos y los que no) quién fue el Dr. Pucciarelli y la magnitud de sus aportes a la Antropología Biológica. Hay artículos, notas, e incluso un libro, que le rinden homenaje, así que no voy a ahondar en sus cualidades académicas, que obviamente fueron muchas.

Tuve la gran oportunidad de comenzar mi formación como investigadora con el Dr, Pucciarelli. Todavía recuerdo la tarde en que llamé a mis “viejos” a Mar del Plata y les conté, llena de emoción, que iba a empezar a trabajar con el Antropólogo Biólogo más groso de Argentina!. Yo era estudiante, estaba cursando cuarto año de la carrera y no tenía ni idea de lo que quería hacer. Bueno… sabía que me gustaba la orientación “Biológica” y empezar a trabajar en el equipo de Pucciarelli era una gran oportunidad.

Corría 1995 y yo, con toda mi juventud y llena de expectativas, comencé a ir al CIGEBA (ahora IGEVET) en la Facultad de Veterinaria (UNLP), una vez por semana. Allí, estaban Cristina Muñe (Maricri, como le decía Héctor), Chichi Oyhenart (que, junto con Pucciarelli, dirigió mis becas y mi tesis doctoral) y Bibiana Orden (que en ese entonces estaba terminando su doctorado). Todas ellas, con mucha dedicación y paciencia, me enseñaron que las “ratas” además de ser unos mamíferos simpáticos, tienen muchas cosas interesantes para contarnos sobre el efecto del ambiente sobre los cambios ontogenéticos. Con ellas pasaba largas horas en el bioterio y luego en la mesada del laboratorio, aprendiendo de anatomía craneana y postcraneana, mediciones y estadística.

Al Dr. Pucciarelli lo veía poco. El pasaba la mayor parte del tiempo en su despacho, que para mí era algo así como “El Templo del Saber”. Rara vez yo entraba- al “Templo” y cuando lo hacía -porque cada tanto me llamaba para preguntarme cómo iban mis resultados- salía transformada: a veces sentía orgullo de mí misma y a veces todo lo contrario.

Había, sin embargo, un momento del día en el que “la ciencia se tomaba un descanso”. Aproximadamente, a las 4 pm. (minuto más, minuto menos) el Dr. Pucciarelli abría la puerta del laboratorio y nos hacía siempre la misma pregunta: ¿Ya es la hora del mate? Entonces, los siguientes treinta minutos se convertían en el momento de compartir anécdotas, risas, chistes, a veces llantos, otras veces confesiones y mucha catarsis. Durante esos treinta minutos no había distinción entre investigadores, becarios, alumnos o técnicos; el Dr. Pucciarelli era Héctor, el director era un amigo y el maestro era un compañero.

Hoy, casi 25 años después, dimensiono la importancia de ese hábito y de lo mucho que aprendí durante todas esas “media hora” de mates diarias.Y me viene a la memoria un cuento que leí, de Hernán Casciarien el que dice: “El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores. Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. La charla, no el mate. Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y viceversa. Es la sinceridad para decir: "¡basta, cambiá la yerba!". Es el compañerismo hecho momento. Es la sensibilidad al agua hirviendo. Es el cariño para preguntar, estúpidamente, "¿está caliente, no?". Es la modestia de quien ceba el mejor mate. Es la generosidad de dar hasta el final. Es la hospitalidad de la invitación. Es la justicia de uno por uno. Es la obligación de decir "gracias", al menos una vez al día. Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.”

Gracias Héctor por darme la oportunidad de trabajar siendo aún estudiante y por enseñarme a ser una apasionada de la Antropología Biológica, pero, sobre todo, gracias por transmitirme valores y compartir muchos mates!

Florencia Cesani

Licenciada en Antropología y Doctora en Ciencias Naturales, Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP).
Investigadora  CONICET y Docente de la Cátedra de Antropología Biológica IV (FCNyM, UNLP). Miembro del Laboratorio de Investigaciones en Ontogenia y Adaptación (FCNyM, UNLP).
Presidente de la Asociación de Antropología Biológica Argentina 2011-2013.

5 Comentarios

  1. gran persona y maestro, me tomo el final de antropologia fisica 1 cuando recien regresaba de estados unidos. Al cigeba yo tambien iba de vez en cuando. Despues, por cuestiones de trabajo, emigre de la plata y del museo para dedicarme al sector salud donde aun sigo. Hector, y su risa.

  2. Maria Florencia y Alicia! grandes personas que tuve el honor de conocer en los 80,. Saludos queridas colegas! Hoy trabajo en el ministerio de salud de la nacion y docente en la unicen de olavarria
    Besosss

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